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Test de Apgar, un gran invento
La condición física que presenta el recién nacido
es una de las mayores preocupaciones y motivos de interés tanto para los padres
como para el equipo quirúrgico encargado del parto. El test de Apgar se presenta
como una prueba válida para despejar esta incógnita.
El nacimiento de un bebé resulta ser un acontecimiento muy emotivo y ansiado
para la familia del recién nacido, y en especial para los padres. Los nueve
meses del embarazo son, sin duda alguna, de gran relevancia. Sin embargo, el
momento del parto y los minutos siguientes son de vital importancia para
cerciorarse que el estado del bebé es normal y saludable.
Es un equipo médico – quirúrgico competente quien se encarga de asegurar el
éxito del parto y el buen estado del recién nacido. Éste, además de asistir el
parto, se encarga de examinar la naturaleza del bebé a través de pruebas y
tests, con el fin de asegurar su bienestar.
Apgar, mucho más que un test
El test médico denominado Test de Apgar, toma el nombre de su creadora, la
doctora Virginia Apgar. Fue puesto en práctica por primera vez en 1952 para
favorecer una mayor atención a los recién nacidos por parte de los médicos y
enfermeras.
Suele ser algo común asociar el conocido test de Apgar con el peso, la longitud
y el tiempo requerido para el nacimiento del bebé. De hecho, los padres cuando
son informados de que su hijo ha pasado satisfactoriamente el test de Apgar,
consideran que el resultado confirma que su hijo tiene las medidas habituales y
que se encuentra dentro de la normalidad.
El test de Apgar no es simplemente un instrumento encargado de medir y pesar al
bebé. Resulta un examen minucioso que se le realiza en sus primeros minutos de
vida. Es decir, la primera prueba se lleva a cabo al minuto de vida, y se repite
posteriormente a los cinco y diez minutos. Valora la condición física del bebé.
¿Qué mide?
Aunque el resultado del test de Apgar hace referencia al estado físico general
del bebé, para ser llevado cabo mide cinco variables:
El color de la piel, que muestra el nivel de oxigenación que presenta la sangre
del recién nacido.
El pulso o ritmo cardíaco, que es reflejo de la circulación sanguínea. Cuando el
pulso es bajo, indica que a lo largo de los últimos minutos del parto, el bebé
ha presentado problemas de circulación.
La respiración, que refleja si los pulmones se están expandiendo bien o no.
El tono muscular, que hace referencia al nivel de relajación o contracción de un
músculo en estado de reposo. Es el resultado de un funcionamiento cerebral
correcto y de una oxigenación sanguínea adecuada.
Los reflejos o respuesta ante estímulos, que como su propio nombre indica, se
refiere a la capacidad de respuesta o de reacción por parte del bebé ante
estímulos táctiles, como un pellizco o una palmetada. Si la reacción resulta
estática tendrá baja puntuación en reflejos. Sin embargo, si llora ante los
estímulos, sus reflejos resultarán muy adecuados.
¿Cómo se evalúa?
Cada variable analizada se puntúa de 0 a 2 puntos, según muestre una mejor o
peor condición. Por tanto, si se quiere sacar un resultado final, se deben sumar
todas las puntuaciones obtenidas en cada variable, siendo el resultado máximo un
10 en el test.
Sin embargo, esta puntuación no suele ser nada habitual en el primer minuto. La
obtenida habitualmente suele ser de 7, aunque hasta 5 suele ser considerada una
puntuación apta en el estado físico del recién nacido. Sin embargo, cuando la
prueba es llevada a cabo a los cinco y los diez minutos de vida, el resultado
alcanza en la mayoría de las ocasiones una puntuación de 10.
Fuente: mundogar.com
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