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Técnicas para meditar eficazmente
El
entrenamiento psicomental o meditación es una disciplina que uno se impone para
cultivar, desarrollar, unificar, potenciar y ordenar la mente. Esto requiere
esfuerzo, motivación, energía y perseverancia. Hay una serie de requisitos y
factores que deben intervenir y debemos observar para que el entrenamiento
resulte lo más válido y eficaz posible. Son:
Atención consciente: es decir,
mantenerse atento y bien perceptivo durante la práctica de la meditación,
enfocando la mente al soporte seleccionado. Es muy común que la mente se aleje
de uno mismo, entonces hay que agarrarla y conducirla al ejercicio. De ese modo
incluso las inatenciones se vuelven objeto de atención. Esta es una regla de
oro. La mente tiende a burlar la vigilancia de la voluntad y a huir del soporte
de la meditación. Por eso, hay que estar atento para que la concentración no se
fugue.
- Firme ecuanimidad: no dejarse
arrastrar por el gusto o el disgusto, el apego o la aversión, manteniendo un
estado mental firme, equilibrado. Hay que aplicar la ecuanimidad en los
estados anímicos que se presenten. No aprobar ni desaprobar, no aceptar ni
rechazar. Pueden, durante la práctica de la meditación, surgir distintos
estados de ánimo (aburrimiento, agresividad, sentimiento de soledad,
agitación, ansiedad y otros), pero no hay que dejarse tomar por ellos, ni
mostrarles gusto o disgusto, sino simplemente persistir en el ejercicio.
Tales estados son procesos que vienen y parten. Pero la actitud de
meditación debe permanecer inquebrantable.
- Poderosa motivación: porque cuanto
mayor sea el crecimiento interior, la salud psíquica y mental, la libertad
interior e integración, más fácil será el esfuerzo y más energías se hallará
para la práctica. Así se puede ser capaz de superar todo obstáculo que se
presente. Hay que cultivar con fervor la motivación.
- Esfuerzo correcto: porque el
entrenamiento en la meditación nunca es fácil, y mucho menos durante las
primeras semanas o meses. La mente es dispersa y cuesta trabajo reeducarla y
unificarla, se requiere de esfuerzo adecuado y persistencia para lograrlo
sin ser compulsivo ni generador de conflicto y tensión. El esfuerzo curte,
disciplina, potencia las energías internas y estabiliza el carácter. Hay que
aplicarlo correctamente, como dice el viejo adagio indio: “En la extremidad
del esfuerzo aparece el esfuerzo sin esfuerzo. La meditación nos enseña a
meditar, y poco a poco el esfuerzo irá siendo sin esfuerzo.”
- Asiduidad: es necesaria en cualquier
disciplina y de cualquier orden. Se facilita la meditación meditando
asiduamente. De nada sirven las prácticas entusiastas y esporádicas; lo que
vale es la práctica perseverante, que poco a poco reeduca la mente y
desencadena su visión liberadora.
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