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La revolución del Pilates
La medicina utiliza el Pilates para mejorar algunas patologías
A medio camino entre el oriental yoga y la típica rutina de ejercicios
localizados, pero sin parecerse a ninguna de las dos, el Pilates gana adeptas
por miles. El método de ejercicios que nació para fortalecer la salud de las
personas enfermas, se ha masificado como una alternativa para mejorar el estado
físico de miles de mujeres.
Según sus partidarias, que crecen por miles en el continente, el método Pilates
mejora la condición física y mental de la persona de tal forma que se puede
hablar de un antes y un después de probarlo. De ser un secreto de las estrellas
de Hollywood, como Jodie Foster, Julia Roberts o la eterna Madonna, esta técnica
es cada vez más demandada por las ciudadanas de a pie. La masificación ha
logrado que de práctica de elite se haya transformado en clase común en los
gimnasios o entre grupos de amigas que se reúnen para practicarlo.
El Pilates consiste en un programa de ejercicios realizados con –o sin– aparatos
especialmente diseñados, con la finalidad de mejorar la condición física y
mental de la persona. Esta práctica permite desarrollar la fuerza y la
flexibilidad de un modo equilibrado y mejorar los síntomas de lesiones con
rapidez y éxito. Cada movimiento está diseñado para ejercitar en su máxima
extensión cada músculo, basándose en seis principios: concentración, control,
centralización, fluidez, precisión y respiración.
Su inventor, el inglés Joseph Pilates, fue un niño enfermizo que padeció asma y
fiebres reumáticas. Su débil salud lo motivó a estudiar con ahínco el cuerpo
humano, para así lograr fortalecer el suyo propio con el ejercicio. Joseph se
convirtió en un buen atleta, nadador y boxeador, tanto que fue elegido en el
lejano 1912 para enseñar defensa personal a los y las detectives de Scotlan
Yard.
Durante la Primera Guerra Mundial, fue internado en un campo de concentración en
Inglaterra, debido a su origen alemán. Como una forma de sobrellevar la
traumática experiencia, empezó a trabajar como enfermero, desarrollando una
metodología para mejorar el estado de salud de otros internos e internas.
Gracias a esta técnica de ejercicios, ninguno de ellos y ellas sucumbió a la
gran epidemia de 1918 donde perecieron muchos ingles, ganando cada día más
renombre.
Tras la guerra, Pilates se trasladó a Alemania, logrando tal fama que hasta el
mismo Hitler le pidió que entrenara a la armada alemana, pero él rechazó esta
oferta y emigró a Estados Unidos. Una vez en dicho país, fundó ya su propio
centro, empezando su labor a ser reconocida por la medicina mundial. Desde
entonces, son muchos los hospitales estadounidentes e ingleses los que utilizan
el método Pilates para mejorar algunas patologías, a partir del fortalecimiento
de todo el cuerpo.
Aunque en el resto del mundo, su práctica se ha masificado más en el ámbito
estético, como una forma equilibrada de ponerse en forma.
Tras la muerte de Joseph Pilates, en 1967, han sido muchas las personas que han
hecho modificaciones en estos ejercicios. De ahí que se hayan creado varias
escuelas y nuevos nombres cuya base está en el método creado por este niño
enfermizo que alguna vez acondicionó a los policías londinenses.
De hecho, sus más doctos/as instructores/as aseguran que las clases se deben
dictar de forma individual, por un tiempo de 55 minutos, y que su fin es
mantener sano y equilibrado el cuerpo y la mente de quien lo practica, más que
tornear unos brazos o piernas en tres meses.
En lo que sí todos y todas las profesionales del método Pilates han estado de
acuerdo es en que se debe pedir un certificado de estudios antes de tomar clases
en un gimnasio o de forma particular, ya que si lo enseña una persona no formada
adecuadamente, incluso puede ser peligroso para la salud.
Fuente: mujereshoy.com
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