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La envidia
¿Qué es la envidia?
Muchas veces sentimos envidia de alguien porque admiramos sus cualidades,
capacidades, su suerte o lo bien que sabe desenvolverse en la vida. Vemos a a
esa persona y deseamos ser iguales en algún aspecto, tomándolo como nuestro
estímulo o modelo a seguir para ir superándonos. Es un motor para motivarnos y
luchar por conseguir nuestros objetivos.
Sin embargo, existen otros casos con otras personas, en que el bien ajeno nos
produce un profundo malestar difícil de controlar. Este tipo de envidia puede
llegar a ser muy destructiva, cargada de rencores y hostilidades hacia personas
que no nos han hecho nada. Esto hace que no demos importancia a todo lo que
tenemos y que hasta ese instante nos llenaba.
Tipos de envidia
Existen dos tipos de envidia: la envidia sana, que es el deseo doloroso que
experimentamos al ver que alguien posee algo que queremos, pero con admiración y
respeto, anhelando ese bien para nosotros, pero sin desear mal alguno. Y la
envidia descontrolada y dañina, que nos lleva a actuar de mala fe. Impulsa a
mucho a destruir con difamaciones y chismes sin fundamento la buena fama de
quien nos recuerda aquello de lo que carecemos o a menospreciar lo que tiene.
Tendemos, la mayor parte del tiempo, a comparamos con los demás y a envidiar lo
que ellos disfrutan, sin tener en cuenta que todos deseamos lo mismo y que hemos
de medir nuestros logros de acuerdo a nuestras posibilidades y esfuerzos,
tratando de luchar por conseguir lo que anhelamos sin compararnos con los demás,
sobre todo, valorando lo que tenemos.
Consecuencias
En ocasiones, ver a otras personas felices nos convierte en infelices y nos
lleva a percibir nuestra vida de forma negativa. Esta disposición de ánimo
origina una serie de reacciones negativas, que hace que el que la sufre tienda a
aislarse de los que le rodean y tenga serias dificultades en sus relaciones
interpersonales. Esto hace que evitemos tener relaciones sociales, nos convierta
en seres inseguros, apáticos y conformistas.
Cuando las personas sienten estos, se producen cambios en la forma de
enfrentarse a la vida, adoptando actitudes defensivas en algunos casos, y en
otros se coge el papel de víctima.
Las personas que desarrollan este tipo de sentimiento negativo se convierten en
personas frías, altaneras, distantes, actúan con desprecio hacía los demás, etc.
Otras, se dejan llevar por el desánimo, desarrollan complejos de inseguridad,
sentimientos de ira, rabia, etc.
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