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Fitoterapia, esas plantitas medicinales


Las plantas medicinales, al igual que los medicamentos, no son inocuas. Se recomienda su uso guiado por especialistas.

Históricamente, la fitoterapia jugó un papel fundamental en la salud occidental; el avance de la química -que permitió sintetizar principios activos e inventar nuevos-, la relegó a un segundo plano. Utilizadas milenariamente por nuestras antepasadas y nosotras mismas, las plantas medicinales recobran fama tras estudios científicos que confirman la validez de estos remedios “caseros”.

El mes pasado la Unión Europea conformó una directiva que obligará a sus Estados miembros a legislar en menos de un año y medio una ley que regulará el uso y control de las plantas medicinales, cuya inspección se efectuará siguiendo la legislación de medicamentos químicos tradicionales.

De esta forma se busca normalizar la creciente “comercialización de plantas o partes de plantas en su estado natural para su uso terapéutico directo sin el procesamiento químico al que están sometidos los fármacos”, lo que en medicina se denomina fitoterapia. Reconocida como rama médica por la Organización Mundial de la Salud en 1978, por lo menos en Alemania, Francia y Suiza, la fitoterapia está incluida en la legislación que regula el resto de las prácticas médicas y farmacológicas.

Históricamente, la fitoterapia jugó un papel fundamental en la ciencia de la salud occidental, aunque el avance de la química -que permitió sintetizar principios activos e inventar nuevos-, le relegó a un segundo plano.

De todos modos, el 25 por ciento de los fármacos actuales tienen su origen en alguna planta, y es aún mayor el porcentaje de las que tienen un principio activo vegetal: por ejemplo Taxol, el fármaco antioncológico más vendido del mundo, se extrae de la corteza del tejo del Pacífico; la aspirina viene de la corteza del sauce y la morfina de las amapolas.

El retorno de la confianza en el uso de productos de origen natural, por tanto, parece explicarse no sólo por el valor en alza del medio ambiente, de la ecología, la vida sana y lo natural en general, sino también porque los avances químicos, farmacológicos y clínicos han avalado con estudios y aplicaciones remedios que parecían caseros. A esto se suma el mejor control de calidad de las materias primas y una actitud más activa de los y las pacientes, que no se limita a seguir las indicaciones de las y los médicos, y quiere participar en su cura con un mayor conocimiento de causa.

Riesgo de desaparición
La popularidad de las hierbas medicinales y la cada vez más extendida documentación sobre ellas ha supuesto una amenaza para la conservación de más de 10.000 especies de plantas de las 50.000 que se conocen con propiedades medicinales. La industria no ha tenido en cuenta la conservación de estas plantas por lo que muchas, sobre todo las que se cultivan en países pobres, corren el riesgo de desaparecer. Para evitarlo, se recomienda invertir en el cultivo de las plantas que se consumen e introducir un distintivo que permita identificar los productos elaborados con plantas cultivadas de forma sustentable.

 

 

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