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El cerebro y la afectividad
¿Dónde se encuentra la clave de la felicidad y la
madurez personal? Para la neuróloga María Gudín, autora del libro Cerebro y
afectividad, la clave se encuentra en dos puntos: el control de los estados
emocionales y la modificación de los sentimientos para lograr una convergencia
entre aquello que se piensa, se siente y se quiere.
El libro Cerebro y afectividad aporta los más modernos hallazgos de la
neurología moderna, a la luz de datos filosóficos y antropológicos. Se
estructura en tres partes: una primera parte en la que se describen los
presupuestos filosóficos básicos que permiten entender la afectividad. La
segunda, científica y anatómica – más compleja para el lector profano en la
materia – describe las estructuras neurales; la última, es más integradora y
práctica.
Qué es la afectividad
Los descubrimientos de las últimas décadas han proporcionado una mejor
comprensión de la compleja realidad cerebral. Hoy en día se sabe que en la
corteza cerebral existen localizaciones de las distintas tareas desarrolladas
por la inteligencia: cálculo, lenguaje, abstracción u organización en el tiempo
y en el espacio. Sin embargo, también se ha descubierto que las funciones
intelectuales aisladas no representan lo que es el hombre.
“Existe una realidad central en la existencia humana–señala la Dra. Gudín- que
está también mediada por el cerebro: la afectividad. La realidad del hombre
–añade- ha de explicarse a través de complicados mecanismos neurales. Conocemos
a través del cerebro, queremos y sentimos a través del cerebro”. La afectividad
es la forma en la que percibimos la realidad, constituye un aspecto central de
la personalidad humana.
¿Dónde se localizan los sentimientos en el cerebro?
Las áreas afectivas se localizan en el núcleo de los circuitos cerebrales,
alrededor del haz de fibras nerviosas que pone en relación los dos hemisferios
cerebrales, contactando con todos los lóbulos cerebrales y logrando su relación
interna. Este hecho – su situación central en el cerebro - alude a que son
centrales en la conducta humana. Producen un aspecto de unidad en el
comportamiento.
Por otro lado, las mismas áreas que controlan el placer, controlan la ira y el
temor. Estimulando el cerebro en las áreas afectivas se pueden desencadenar
prácticamente en las mismas localizaciones un furor incontrolable, o una alegría
rara. Eso indica que los mecanismos cerebrales de la emoción a menudo se hallan
vacíos de contenido. El contenido de los sentimientos lo proporcionan áreas
cerebrales en las que se centra la racionalidad del sujeto y que permiten la
conexión con lo real.
La neurotización de los sentimientos
Aunque desde un punto de vista objetivo los sentimientos no son nada, desde la
subjetividad de cada persona lo son todo. “Por eso una persona que se centra,
excluyendo cualquier conexión con lo racional y con la realidad, en los propios
sentimientos (en la personal subjetividad) se neurotiza –aclara esta
especialista en neurología- porque no es capaz de contactar con lo real: ésta es
la base de la enfermedad mental, la falta de adecuación a la realidad”.
Los sentimientos aúnan datos intelectuales y volitivos. En la medida en la que
estén integrados y coordinados con la inteligencia y la voluntad, facilitarán el
desarrollo de una vida en libertad.
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