Hace
ya varios años, en pleno furor ufológico de los 90, el que
esto escribe produjo varios artículos sobre los encuentros
entre la fuerza aérea de los EE. UU. y los objetos que
conocemos como OVNIs, sin importar que la procedencia de los
mismos haya sido extraplanetaria o extradimensional. Aunque la
USAF llegó a afirmar durante el régimen del presidente Clinton
que no existían planes para contrarrestar una posible invasión
extraterrestre entre los miles de posibles escenarios bélicos
considerados por el Pentágono, la evidencia disponible al público
sugiere algo completamente distinto.
Los militares estadounidenses
no sólo han diseñado varios sistemas para la detección de
objetos provenientes del espacio exterior, sino también han
diseñado varios elementos de la Iniciativa de Defensa Espacial
(SDI, por sus siglas en inglés) con el propósito de repeler
amenazas provenientes del espacio o con bases en el espacio.
Mucho antes de fraguarse cualquier intento de defensa a nivel
planetario, los superordenadores Cray del Pentágono ya
habían asignado símbolos para posibles emplazamientos
militares en la Luna y en cualquier punto orbital donde fuese
necesario colocar armamento bélico. (Journal of Atomic
Scientists, 1997)
Aunque el pretexto en aquella
época que parece tan remota consistía en "ganarle a los
rusos", no había rusos en la Luna ni en ningún otro punto
orbital, así que ¿contra quién nos defendíamos?
Disparando contra lo
inexplicado
Ya no es cosa de rebuscar libros y revistas olvidadas para
encontrar evidencia de los encuentros armados entre los ejércitos
del mundo y lo desconocido. Dichos casos siguen sucediendo en
nuestros días sin que el público general se entere.
En la noche del 23 de febrero
de 2001, a las 10:45 p.m. un objeto rojo, ovalado, de grandes
dimensiones, cuya cubierta superior se asemejaba "a las
torres de un gran castillo oscuro", voló de oeste a
este sobre la población de Collaroy en Nueva Gales del Sur,
Australia, antes de perderse en el mar.
La aparición del objeto
tampoco fue fugaz: los testigos pudieron contemplarlo por casi
quince minutos desde las calles de Collaroy. El aparato
desconocido emitía un ensordecedor ruido "parecido al
de cien motocicletas arrancando a la vez" que causó
que muchos de los ciudadanos saliesen a ver de qué se trataba.
El estrépito conmocionó a los huéspedes de un hotel en dicha
ciudad, que pudieron seguir la trayectoria del intruso desde las
ventanas de sus habitaciones.
¿Se trataba, acaso, de un vehículo averiado?
La fuerza aérea australiana
informó que cuatro objetos cuya descripción coincidía con la
del "ruidoso" de Collaroy habían sido detectados
horas antes el mismo día sobre la ciudad de Darwin, en el
extremo norte del continente australiano. La detección de los
mismos produjo el scramble de cinco cazarreactores de la
RAAF cuyas instrucciones eran clásicas: "interceptar,
pero sin disparar", sólo que en esta oportunidad las
reglas del juego cambiarían un poco.
Los
cazas de la RAAF pudieron acercarse lo suficiente a los cuatro
objetos extraños, que giraban sobre sus bases al desplazarse y
tenían forma hemisférica rematada con una pequeña torreta
superior (casi una modificación del clásico platívolo de
McMinnville, fotografiado sobre dicha ciudad estadounidense en
la década de los '50).
El informe de la fuerza aérea
australiana indicó que uno de los cuatro intrusos llegó a
volar lado a lado con uno de los interceptores, avanzando al
mismo ritmo -detalle sumamente desconcertador para el piloto-
antes de "saltar" sobre el avión para ocupar su
retaguardia. Fue entonces que se produjo el momento más
estremecedor del encuentro entre los aparatos bélicos de
nuestro mundo y los extraños objetos voladores: uno de los
interceptores disparó una ráfaga de balas contra uno de los
OVNI sin producir ningún daño aparentes.
La persecución OVNI continuó
en dirección hacia el sur, pero los aviones de guerra se vieron
obligados a desviarse hacia la base aérea Richmond para
repostar combustible. Horas más tarde, los vecinos de Collaroy
presenciarían la llegada del objeto ruidoso.
Al día siguiente, aparatos de
la fuerza aérea y marina australianas sobrevolaron Collaroy
repetidamente; un enorme avión de carga voló a una velocidad y
altura considerablemente bajas sobre la región con sus
compuertas de carga abiertas, como tratando de localizar algo.
Los investigadores Bill
Chalker y Peter Khoury no tardaron en desplazarse
hasta Collaroy para confirmar los hechos y entrevistar a los
testigos. Se produjo la curiosa casualidad de que el lugar en el
que se desvaneció el OVNI ruidoso -sitio conocido como Elanora
Heights- tenía fama de ser un sitio preferido por los objetos
extraños para aparecerse y desaparecerse. Los habitantes de la
zona habían dado parte a las autoridades a mediados de los '90
sobre "explosiones de luz" y objetos brillantes que se
materializaban allí antes de desplazarse vertiginosamente hacia
el oeste o el norte.
Chalker y Khoury descubrieron
que los vecinos de Elanora Heights habían sufrido experiencias
sumamente raras por causa de este punto de materialización y
desmaterialización: en una ocasión se produjo una
"onda" que hizo parecer que toda la tierra hacia el
noroeste se ondulaba como si fuese agua. Dos vecinos cuya casa
se encontraba sobre un acantilado se vieron
"proyectados" unos 10 metros hacia el suroeste, de
manera que les era posible ver el patio de la casa de sus
vecinos, algo que no era normalmente posible. Después de esta
extraña ondulación del terreno y de la realidad visible, se
escuchó la descarga de una explosión.
Pilotos a la defensiva
El 20 de julio de 1975, el comandante William B. Royce
realizaba vuelos de entrenamiento con un estudiante a bordo de
un T-37 sobre la base aérea Williams de la fuerza aérea
estadounidense en el desierto de Mojave, cerca de la población
de Chandler. Royce se encontraba enfrascado en la tarea de enseñarle
a su pupilo cómo alinear el morro del avión con la pista de
aterrizaje a cinco millas de distancia, cuando un objeto color
anaranjado rojizo apareció de la nada y pasó de largo al T-37.
El estudiante se quejó de la
falta de cortesía del otro piloto, pero Royce tomó los mandos
de T-37 y ejecutó una veloz evasiva, advirtiendo a su
estudiante: "No es uno de los nuestros".
El comandante tomó la decisión
repentina de perseguir el objeto, a pesar de que su avión de
entrenamiento carecía de armas. Revisando el reloj de
combustible, el comandante decidió que sería posible alcanzar
al intruso sin problemas. Al alcanzar unos cuatro mil pies de
distancia de su objetivo, a una velocidad de 380 millas por
hora, Royce pudo observar que se trataba de un objeto con forma
de platillo, cuyo metal estaba calentado a temperaturas tan
intensas que le daban el brillo anaranjado rojizo. El objeto
parecía tener una especie de hendidura en que podía ser una
puerta o ventanilla recesada.
Justo cuando Royce pensó en
acercarse más al objeto, el platívolo ascendió
repentinamente, aumentando la distancia que lo separaba del avión
de entrenamiento.
El comandante y su estudiante regresaron a la base Williams,
prefiriendo no comentar sobre su encuentro. Posteriormente,
Royce le diría al escritor Rufus Drake: "Sé de
un piloto que alcanzó a volar lado a lado con un OVNI y llegó
a detectar ventanillas en el objeto... algunos de los muchachos
piensan que estos intrusos provienen del espacio exterior, sin
duda".
Algunos años antes, Carol
Johnson, vecina de Tucson, Arizona (EUA), supuestamente
presenció la persecución de un OVNI por interceptores Grumman
A-7 provenientes de la base aérea Davis-Monthan. El evento,
ocurrido en Febrero de 1972, se produjo sobre los cielos de
Tucson; Johnson pudo ver la formación de tres interceptores
acercándose al objeto desconocido, cuyas dimensiones superaban
las de los aviones de guerra por mucho. Justo antes de que los
interceptores alcanzasen su objetivo, el OVNI desapareció por
completo, como si jamás hubiese estado.
La señora Johnson afirmó que
los interceptores realizaron una serie de maniobras de búsqueda,
pensando que el objeto desconocido pudo haber aterrizado
repentinamente. Según el investigador Kevin Randle,
afiliado en aquel momento al célebre grupo de investigación
APRO, los radaristas de la base Davis-Monthan habían captado el
objeto en sus radares, y también existía la posibilidad de que
las ametralladoras fotográficas hubiesen captado la desaparición
del objeto. Treinta años después, el silencio de la USAF sobre
dicho avistamiento sigue siendo sepulcral.
Meses después, en diciembre de
1972, el capitán Richard Bowers tendría su propia
experiencia con lo desconocido mientras que volaba su
interceptor F-100 Super Sabre a 43,000 pies de altura al norte
de Fayetteville, Carolina del Norte, ejecutando maniobras para
regresar a la base aérea Pope. La torre de control de la base
advirtió al piloto que alguien le venía pisando los talones,
sugiriendo que podía tratarse de un piloto privado. Bowers quedó
sorprendido, ya que a ningún piloto de avioneta se le ocurriría
volar a dicha altura.
Al mirar hacia atrás, Bowers
pudo ver un resplandor rojizo. Inclinando su cazarreactor
lateralmente al virar hacia la derecha, el piloto de la USAF
quedaría sorprendido al ver un objeto cuyas dimensiones
correspondían casi a las de su interceptor, sólo que era
circular y despedía una extraña luz roja. El interceptor trató
en vano de esquivar al intruso, que parecía no tener intención
alguna de despegarse de él. Por espacio de diecisiete minutos,
el capitán Richard Bowers ejecutó maniobras de evasiva que jamás
había realizado desde la guerra de Vietnam, virajes y caídas
en picada que fueron vistas desde la tierra por los ciudadanos
de Fayetteville, que no dudaron en comunicarse con su periódico
y dar parte del suceso.
El OVNI se cansó de aquel
juego de "gato y ratón" y se alejó vertiginosamente.
Con sus reservas de combustible casi agotadas, el capitán
Bowers pudo aterrizar en la base Pope. Su primera acción en
tierra consistió en dirigirse a la oficina del jefe de escuadrón
para decirle que los OVNI eran algo real, que posiblemente eran
hostiles, y la USAF debía hacer algo para garantizar la
seguridad de sus pilotos. El exabrupto le ganó una
transferencia a una base militar en el oeste de EUA y que fuese
dado de baja del servicio activo poco después. Bowers falleció
en 1977, convencido de que la fuerza aérea conocía de sobra la
naturaleza del objeto que le había atormentado aquella noche en
Carolina del Norte.
OVNIS
Derribados
Sin embargo, la superioridad de los objetos desconocidos no
es absoluta: la iniciativa de destape de información denominada
"Project Disclosure", encabezada por el ex-médico de
urgencias Steven Greer, ha dado a conocer el testimonio
de varios pilotos que afirman haber derribado OVNIs con sus
armas.
El cabo de marina John
Weygandt, uno de los testigos entrevistado por Greer para
posibles vistas ante el congreso de los Estados Unidos, declaró
haber participado en las labores por recobrar un objeto de gran
tamaño (veinte metros de largo por diez de ancho) que había
sido derribado por elementos de la fuerza aérea peruana en
1997. Weygand recibió órdenes de resguardar el lugar del
estrellamiento con un destacamento de marines.
El objeto había chocado contra
un peñasco y se había incrustado en él, dejando a su paso un
líquido viscoso de consistencia parecida al jarabe, pero de
color verde violáceo. El objeto emitía un sonido "parecido
al de un amplificador después de que se desconecta una guitarra
eléctrica", según Weygandt, un zumbido que se redujo
en intensidad a la par que el objeto dejaba de funcionar. A
pesar de haber realizado la misión encargada, Weygandt fue
blanco de hostigamiento por un teniente coronel que le hizo
firmar documentos mediante los que se comprometía a nunca
hablar del asunto. El cabo interino guardó silencio hasta el
2001.
Otro participante en el destape
OVNI, el sargento Clifford Stone, mundialmente reconocido por
sus investigaciones en torno a las operaciones de rescate "Moondust/Bluefly"
de los EUA, manifiesta no estar sorprendido por estos relatos:
"[los OVNIS] representan una tecnología falible, hecha por
criaturas tan falibles como nosotros mismos". Prueba de
ello, agrega Stone, lo son los aparatos no terrestres derribados
accidentalmente por sistemas de radar en tierra.
El objetivo principal del Dr.
Greer y sus esfuerzos destinados a que el gobierno de EUA
celebre vistas sobre el fenómeno OVNI tiene que ver con la
militarización del espacio y los proyectados sistemas antimísiles.
"Se nos ha informado", declara Greer en su ponencia,
"Que el susodicho programa "Guerra de las
Galaxias" (Star Wars) realmente tiene por mira encubrir el
desarrollo de un sistema bélico diseñado para rastrear y
destruir aparatos de procedencia extraterrestres mientras que
estos se acercan a la tierra o penetran nuestra atmósfera.
Citando al padre de la astronáutica
como la voz más estridente contra el militarismo espacial,
Greer añade: " Nadie menos que Wernher Von Braun advirtió,
en su lecho de muerte, sobre la locura de tal proyecto, sin que
sus palabras hayan surtido ningún efecto aparente".
Parece ser que en 1974, el doctor Von Braun advirtió a su
ayudante, la Dra. Carol Rosin, sobre el gran peligro que se cernía
sobre la humanidad si la carrera armamentista se extendía al
espacio. Curiosamente, Von Braun señaló que el gobierno
estadounidense utilizaría varios pretextos -- la URSS, el
peligro de asteroides chocando contra la tierra, etc. -- para
popularizar la iniciativa de defensa espacial entre el público
estadounidense.
Pero estos sistemas defensivos
que tanto temía el doctor Von Braun siguen su desarrollo a un
ritmo acelerado, sobre todo después de que el gobierno de los
EE.UU. anunciara en diciembre de 2001 que se desvinculaba de
tratado de mísiles antibalisticos (ABM, por sus siglas en inglés)
firmado por los presidentes Richard Nixon y Leonid Brezhnev en
la década de los '70.
Quince
años antes, en 1985, la U.S. Department of Energy pregonaba el
éxito de su experimento de energía dirigida denominado MIRACL
(Laser Quimico Avanzado de Medio Rango Infrarrojo), que destruyó
exitosamente un lanzador de proyectiles balísticos. Después de
este sistema, los EE.UU. implementaron el primer haz de partículas,
experimento que involucró la irradiación de una ojiva nuclear
simulada con un haz de protones de alta intensidad, resultando
en la detonación del explosivo dentro de la ojiva. En la
primavera de 1989, el Láser Químico Alfa resultó exitoso
durante sus pruebas iniciales como candidato para un posible
arma de rayos de uso espacial.
Pero la investigación no se ha
circunscrito a los mortales rayos de energía dirigida: el
Lanzador Electromagnético Thunderbolt, uno de los conceptos
para un "cañón electromagnético" producidos bajo
SDI, tiene el potencial para disparar proyectiles a una
velocidad en exceso de 8.6 millas por segundo. Estos pequeños
pasos hacia un mundo hasta ahora desconocido de armamentos
ofensivos comprueban que estamos desarrollando la capacidad de
defendernos contra una amenaza mucho mayor que las armas
nucleares de países enemigos. Esta es la posibilidad que tanto
temor ha ocasionado entre Greer y sus correligionarios.
El Proyecto Disclosure pide, por último, que "se haga
cumplir la veda sobre las armas en el espacio, y prohibir el
rastreo de cualquier objeto extraterrestre, puesto que dichas
acciones son injustificadas y pueden poner la especie humana en
peligro". En vista del afán militar del régimen de Bush,
y su falta de miramientos en cuanto al desarrollo de sistemas bélicos
avanzados, las esperanzas son pocas.