La lista de la revista de negocios Forbes de las 500
personas más ricas del mundo, referencia ineludible sobre
este exclusivo segmento de la población, incluyó en el 2004
a 11 millonarios en América Latina.
Ellos son dueños de
fortunas superiores a los mil millones de dólares y manejan
desde el petróleo, la minería, la industria forestal y los
medios de comunicación hasta los alimentos, las bebidas, el
cemento, la telefonía y la distribución minorista, entre
otros bienes y servicios que dominan la vida cotidiana de
los latinoamericanos de todos los estratos sociales.
La mayoría heredaron los exitosos negocios de sus padres
y abuelos inmigrantes, y luego agigantaron las incipientes
fortunas familiares.
En ese constante crecimiento también tuvieron que ver las
circunstancias históricas: subidos a la ola neoliberal que
rigió el pensamiento de América Latina a partir de 1990,
varios de los hombres de Forbes se adueñaron de parte de las
empresas estatales que se pusieron a la venta en fiel
ejecución del paradigma reinante.
La amplitud de los negocios que controlan estos magnates
del Sur también los pone en estrecho contacto con los hilos
del poder político, y así lo demuestra el mexicano Carlos
Slim, a quien la prensa ha calificado como la persona más
poderosa de su país.
A Slim le siguen los brasileños Joseph y Moisés Safra
(4,700 millones de dólares), cuya familia desarrolló una
enorme fortuna en el sector bancario.
Los hermanos Safra son dueños del Banco Safra de Brasil,
controlan entidades financieras en Israel, Europa y Estados
Unidos, y manejan Aracruz Celulosa, la mayor productora de
celulosa blanqueada de eucalipto de ese país.
Unos cien millones de dólares separan a los Safra del
magnate venezolano Gustavo Cisneros, dueño de una fortuna de
4,600 millones que comenzó a gestarse mediante un servicio
de autobuses en Caracas y que en la actualidad se centra en
las comunicaciones, incluyendo las emisoras Venevisión de
Venezuela y Univisión de Estados Unidos, así como canales
nacionales en Chile y Colombia.
El también venezolano Lorenzo Mendoza (4,100 millones) se
hizo fuerte produciendo bebidas y alimentos, en tanto el
mexicano Jerónimo Arango, que a sus 79 años cuenta con un
patrimonio de 4,000 millones de dólares, vive retirado en el
balneario de Acapulco.
Andrónico Luksic, de Chile, controla un grupo de 3,400
millones de dólares que incluye a la minera Antofagasta, y
el mexicano Lorenzo Zambrano (3,100 millones) es nieto del
fundador de Cemex. En resumen, “el mapa continental refleja
la fortaleza económica de cada país”, según el argentino
Miguel Angel Espiña en un análisis para la revista Fortuna.
Trabajo, deporte y
filantropía
Los dólares en los que nadan los multimillonarios pueden
llamar al engaño si se cree que ese bienestar los invita a
relajarse y gozar sin más ni más. El chileno Anacleto
Angelini, a sus 90 años sigue al frente de sus compañías. El
colombiano Luis Carlos Sarmiento forjó su propia fortuna
entre la banca, las comunicaciones y el negocio
inmobiliario, trabajando de sol a sol y descansando apenas
una semana de vacaciones al año.
El periodista Andrés Jiménez escribió una semblanza del
magnate para la revista Poder donde señala que “la idea que
tiene Sarmiento de un buen descanso es irse a la oficina sin
corbata el sábado y revisar él mismo los planos de las obras
de su constructora”.
Mauricio Macri, hijo de Franco, se levanta a las siete y
le dedica las primeras horas de la mañana al ejercicio
físico antes de ir a trabajar.
En el arte o la filantropía; tal el caso del mismo Macri,
que además de presidir el club Boca Juniors juega al tenis y
participa de un torneo de fútbol. Su compatriota Gregorio
Pérez Companc, el empresario más rico de Argentina ha
construido viviendas, un hospital, una iglesia, cinco
escuelas y hasta un faraónico zoológico.
Ferviente católico, “Goyo” también ha hecho fuertes
donaciones para la construcción de un campus de la
Universidad Austral, a cargo del Opus Dei.
Carlos Slim se divide entre la afición al coleccionismo y
la ayuda social. Es dueño de una de las colecciones de Rodin
más completas del mundo. A través de la Fundación Telmex
ayuda a personas que permanecen en prisión y al rescate del
centro histórico de la ciudad de México.
Del lujo a la seguridad
Cuando de ostentar riqueza se trata, nadie parece superar
a los millonarios brasileños. El empresario Fernando de
Arruda Botelho, festejó en junio pasado sus 56 años con una
fiesta para 8,500 invitados, según la revista Veja.
Pero el lujo tiene su precio, y no sólo en efectivo. La
inseguridad en las calles latinoamericanas, obliga a los más
acaudalados empresarios del continente a cuidar bien sus
espaldas.
En Argentina, donde hasta hace poco los empresarios se
mudaban a un barrio cerrado, ahora viajan con custodia.
El periodista Gerardo Reyes, coordinador de un estudio
sobre los magnates latinoamericanos, cita a un embotellador
venezolano de Pepsi comentando el trato que le dispensaba
Diego Cisneros, comparado con el que ahora recibe de su hijo
Gustavo, heredero del imperio familiar. “Cuando Diego
llegaba a la planta abría sus brazos para estrechar al
capataz; cuando Gustavo nos visita, sus guardaespaldas
aparecen aquí diez minutos antes”.
Son pocos los millonarios que pasan inadvertidos a los
ojos de la gente una de las excepciones es el chileno
Anacleto Angelini, que cuando conduce su Mercedes modelo ’80
se toma el taxi de la esquina. Y si le toca realizar un
trámite bancario se hace de paciencia y, sencillamente,
espera su turno en fila.