MILLONARIOS $$$

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Millonarios de América Latina

AFP — En América Latina, la región más desigual del mundo, donde el 20% de la población obtiene el 60% de los ingresos, 25 multimillonarios sobresalen por sus negocios y diversos estilos de vida, en un contexto de inseguridad que los obliga a no descuidar su protección personal.

La lista de la revista de negocios Forbes de las 500 personas más ricas del mundo, referencia ineludible sobre este exclusivo segmento de la población, incluyó en el 2004 a 11 millonarios en América Latina.

Ellos son dueños de fortunas superiores a los mil millones de dólares y manejan desde el petróleo, la minería, la industria forestal y los medios de comunicación hasta los alimentos, las bebidas, el cemento, la telefonía y la distribución minorista, entre otros bienes y servicios que dominan la vida cotidiana de los latinoamericanos de todos los estratos sociales.

La mayoría heredaron los exitosos negocios de sus padres y abuelos inmigrantes, y luego agigantaron las incipientes fortunas familiares.

En ese constante crecimiento también tuvieron que ver las circunstancias históricas: subidos a la ola neoliberal que rigió el pensamiento de América Latina a partir de 1990, varios de los hombres de Forbes se adueñaron de parte de las empresas estatales que se pusieron a la venta en fiel ejecución del paradigma reinante.

La amplitud de los negocios que controlan estos magnates del Sur también los pone en estrecho contacto con los hilos del poder político, y así lo demuestra el mexicano Carlos Slim, a quien la prensa ha calificado como la persona más poderosa de su país.

A Slim le siguen los brasileños Joseph y Moisés Safra (4,700 millones de dólares), cuya familia desarrolló una enorme fortuna en el sector bancario.

Los hermanos Safra son dueños del Banco Safra de Brasil, controlan entidades financieras en Israel, Europa y Estados Unidos, y manejan Aracruz Celulosa, la mayor productora de celulosa blanqueada de eucalipto de ese país.

Unos cien millones de dólares separan a los Safra del magnate venezolano Gustavo Cisneros, dueño de una fortuna de 4,600 millones que comenzó a gestarse mediante un servicio de autobuses en Caracas y que en la actualidad se centra en las comunicaciones, incluyendo las emisoras Venevisión de Venezuela y Univisión de Estados Unidos, así como canales nacionales en Chile y Colombia.

El también venezolano Lorenzo Mendoza (4,100 millones) se hizo fuerte produciendo bebidas y alimentos, en tanto el mexicano Jerónimo Arango, que a sus 79 años cuenta con un patrimonio de 4,000 millones de dólares, vive retirado en el balneario de Acapulco.

Andrónico Luksic, de Chile, controla un grupo de 3,400 millones de dólares que incluye a la minera Antofagasta, y el mexicano Lorenzo Zambrano (3,100 millones) es nieto del fundador de Cemex. En resumen, “el mapa continental refleja la fortaleza económica de cada país”, según el argentino Miguel Angel Espiña en un análisis para la revista Fortuna.

Trabajo, deporte y filantropía

Los dólares en los que nadan los multimillonarios pueden llamar al engaño si se cree que ese bienestar los invita a relajarse y gozar sin más ni más. El chileno Anacleto Angelini, a sus 90 años sigue al frente de sus compañías. El colombiano Luis Carlos Sarmiento forjó su propia fortuna entre la banca, las comunicaciones y el negocio inmobiliario, trabajando de sol a sol y descansando apenas una semana de vacaciones al año.

El periodista Andrés Jiménez escribió una semblanza del magnate para la revista Poder donde señala que “la idea que tiene Sarmiento de un buen descanso es irse a la oficina sin corbata el sábado y revisar él mismo los planos de las obras de su constructora”.

Mauricio Macri, hijo de Franco, se levanta a las siete y le dedica las primeras horas de la mañana al ejercicio físico antes de ir a trabajar.

En el arte o la filantropía; tal el caso del mismo Macri, que además de presidir el club Boca Juniors juega al tenis y participa de un torneo de fútbol. Su compatriota Gregorio Pérez Companc, el empresario más rico de Argentina ha construido viviendas, un hospital, una iglesia, cinco escuelas y hasta un faraónico zoológico.

Ferviente católico, “Goyo” también ha hecho fuertes donaciones para la construcción de un campus de la Universidad Austral, a cargo del Opus Dei.

Carlos Slim se divide entre la afición al coleccionismo y la ayuda social. Es dueño de una de las colecciones de Rodin más completas del mundo. A través de la Fundación Telmex ayuda a personas que permanecen en prisión y al rescate del centro histórico de la ciudad de México.

Del lujo a la seguridad

Cuando de ostentar riqueza se trata, nadie parece superar a los millonarios brasileños. El empresario Fernando de Arruda Botelho, festejó en junio pasado sus 56 años con una fiesta para 8,500 invitados, según la revista Veja.

Pero el lujo tiene su precio, y no sólo en efectivo. La inseguridad en las calles latinoamericanas, obliga a los más acaudalados empresarios del continente a cuidar bien sus espaldas.

En Argentina, donde hasta hace poco los empresarios se mudaban a un barrio cerrado, ahora viajan con custodia.

El periodista Gerardo Reyes, coordinador de un estudio sobre los magnates latinoamericanos, cita a un embotellador venezolano de Pepsi comentando el trato que le dispensaba Diego Cisneros, comparado con el que ahora recibe de su hijo Gustavo, heredero del imperio familiar. “Cuando Diego llegaba a la planta abría sus brazos para estrechar al capataz; cuando Gustavo nos visita, sus guardaespaldas aparecen aquí diez minutos antes”.

Son pocos los millonarios que pasan inadvertidos a los ojos de la gente una de las excepciones es el chileno Anacleto Angelini, que cuando conduce su Mercedes modelo ’80 se toma el taxi de la esquina. Y si le toca realizar un trámite bancario se hace de paciencia y, sencillamente, espera su turno en fila.


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