Historias de
perros
Los perros están
de moda en el Perú. Mientras que a unos les prohíben salir a las
calles debido a la fiereza de sus instintos, a otros los elevan a
la categoría de patrimonio nacional, dignos de todos tipo de
placeres y atenciones.
Durante los últimos días,
dos razas de perros acapararon la atención de los principales
medios periodísticos: los temibles "pittbull", perros
capacitados para todo tipo de peleas, altivos y de clase, y los
llamados "perros sin pelo" o "perros chinos",
tan peruanos como el maíz y la papa, tímidos y pequeños. A
ambos, el destino les deparó el más radical de los cambios.
A los primeros, el pasado lunes 22, la Municipalidad del
distrito limeño de San Miguel, no sólo les prohibió el libre tránsito
por la vía pública, parques y jardines, sino que además los
confinó a no volver a ser criados en ninguna parte de toda la
jurisdicción, debido a los constantes ataques que ejemplares de
su especie perpetraron contra pobladores del lugar y de otros
distritos, ocasionando destrozos de brazos y piernas y de caras, y
sólo en un caso, provocando la muerte.
A los segundos, en cambio, precisamente el mismo día, el pleno
del Congreso de la República los reconoció como "raza
canina oriunda del Perú" y los elevó a la categoría de
"Patrimonio Nacional de la Cultura", dignos de recibir
toda clase de cuidados, gubernamentales o privados, para su
conservación, crianza y exportación. Esto debido a la poca
atención y rechazo de la gente, motivada por su apariencia tan exótica
y original: provista de pelos, como si estuviera desnudo, con una
piel amoratada, suave y caliente, y con un mechón blanco en la
cabeza.
Dos historias, sin duda, enigmáticas, que para muchos
demuestran que sí existe la justicia canina, que como toda
justicia, tarda pero siempre llega.